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Juancho Torres, el adiós a un hombre “big band”

Ayer falleció en Bogotá, a los 74 años, el músico a quien todos llamaban el Guardián del Porro. Su agrupación en gran formato y sus producciones discográficas fueron la prueba de su pasión por el folclor.
Juan Francisco Torres Correa, Juancho Torres, nació el 5 de enero de 1944 en Sincelejo, Sucre. Murió en Bogotá. / Archivo partícular
Lucho Bermúdez y Pacho Galán fueron sus motores, pero Duke Ellington fue su máxima inspiración. A Juancho Torres le sirvió ver y escuchar la manera en la que tanto Bermúdez como Galán se paraban al frente de sus músicos y empezaban a marcarles los rumbos de cada melodía, dándole, eso sí, la espalda al público. Sin duda, esa herencia acompasada de los dos grandes maestros de la música colombiana lo motivó para gestar, al igual que ellos, una agrupación en gran formato.
Sin embargo, fue estando en frente de Ellington, ese mago del jazz y el gestor generoso de múltiples temas considerados estándar del género de las síncopas, que Juancho Torres entendió realmente lo que quería hacer con el arte sonoro. Durante sus años de formación realizó estudios de música en el Hampstead Garden Institute, en Londres, y en una oportunidad se enteró de que el pianista y compositor consumado tendría una presentación y de una vez hizo todo lo posible por ser testigo de ese espectáculo.
Torres estuvo frente a frente con el poder sonoro de Edward Kennedy Ellington (1899-1974), a quien los más grandes del jazz llamaban el Duque. Durante su concierto, Torres pudo corroborar que ese sobrenombre no era gratuito y que más bien se trataba de la síntesis de una condición de liderazgo que pocas veces había visto en un ser humano. La vida no volvió a ser la misma para el artista en formación y se empezó a imaginar sus días rodeado por instrumentos de viento y percusión.
El encuentro entre Ellington y Juancho Torres, cuyo nombre de pila era Juan Francisco Torres Correa, determinó el formato en el que el músico colombiano quería arropar la música para entregársela a los demás. Su ilusión era conformar un colectivo inmenso en el que se lograran potencializar los vientos, instrumentos determinantes en el folclor caribeño y sabanero, pero también relevantes dentro de estilos de corte internacional que también le llamaban poderosamente la atención.
Lo que le gustaba a Juancho Torres no era una orquesta, era más bien una big band, una conformación más reducida pero igualmente impactante. Escudriñando en las razones que lo llevaron a esa decisión se topaba con el referente obvio de Ellington, pero al ir más allá podía establecer también que ese colectivo era un homenaje implícito a las bandas papayeras y pelayeras que había escuchado durante sus años de infancia y juventud en su natal Sincelejo, en el departamento de Sucre.
Juan Francisco Torres Correa nació el 5 de enero de 1944 en esa región del Caribe colombiano y por eso recibió la influencia tanto de las manifestaciones cercanas al mar como de los aires de la porción sabanera. Sus oídos se acostumbraron a las historias contadas a través del acordeón, pero también entendía, y de primera mano, cómo era que se estructuraban un fandango, un porro, un merecumbé, una cumbia y demás estilos tradicionales.
Ya en Colombia, el músico hizo explícita la influencia de Lucho Bermúdez y Pacho Galán, dos de los colombianos que con una agrupación en gran formato eran capaces de hacer que el folclor tomara otras dimensiones. Ambos manejaban partitura, lo que se traducía en que el saber ancestral, el conocimiento de antaño y de los grandes juglares podía perpetuarse en el tiempo gracias a estar consignados en el papel de un pentagrama.
Además de Bermúdez y Galán, Juancho Torres fue uno de los pocos colombianos que lograron mantener por más de 20 años una big band compuesta por alrededor de 25 músicos de excelente condición artística. Conformó su colectivo a mediados de la década del 90 y con la complicidad de sus discípulos grabó más de 30 trabajos discográficos de factura internacional. No era gratuito que se le conociera como el Guardián del Porro.
Con su big band, Torres se adentró en el folclor caribeño y sabanero, pero también ahondó en la realización de arreglos para su formato específico de piezas emblemáticas del jazz, obras de música clásica y algunas tonadas de la región Andina colombiana, un segmento que era casi inexplorado por maestros nacidos en la costa.
Juan Francisco Torres Correa murió ayer en Bogotá, a los 74 años, a causa de un cáncer. Su música, su gran formato, sus grabaciones, sus arreglos y sus intencionalidades fueron parte esencial del folclor nacional. Juancho Torres nunca fue un hombre orquesta, tal vez porque nunca quiso serlo, más bien se empeñó en ser un hombre big band... Y sí que lo consiguió.
Por : Juan Carlos Piedrahita

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